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Justo cuando estaba pensando qué escribir en esta primera entrada del blog - las ideas se me amontonan - ha aparecido mi pequeña con una pregunta sobre los deberes. Venía con su nuevo libro de lengua y unas dudas sobre una lectura que venía en él. Según he cogido el libro dispuesto a leerla, me ha dicho "seguro que te gusta y, a lo mejor, la puedes usar en Desarrollo Positivo".

Dicho y hecho. La lectura en cuestión era una fábula perfecta para el inicio de este blog, para sentar las bases de lo que queremos lograr con este proyecto, que no es más que los niños aprendan poco a poco herramientas y habilidades para valerse por sí mismos. Porque, nos guste o no, algún día tendrán que volar ellos solos, y cuanto más preparados "salgan" al mundo mejores opciones tendrán en sus vidas de tener éxito y sobre todo, de ser felices.

Un segundo mensaje de la historia, quizás más profundo que el anterior, pero básico para la relación con nuestros hijos es que cada uno crece y se desarrolla desde su interior. Los padres nos empeñamos en llenar la cabeza de los niños con consejos, ideas y enseñanzas que, desde nuestra  experiencia, estamos seguros de que les ayudarán, pero que a ellos sólo les llegan como exigencias, palabras y más palabras. ¿Os suenan estas frases? "Te lo he dicho mil veces", "otra vez lo mismo", "¿cuándo vas a hacerme caso?", "es que mi hijo parece sordo",...  

deja-volar-hijo

No es un tema exclusivo de niños. Para aprender o hacer cualquier cosa, todos necesitamos sentirlo, darle un significado en nuestras propias vidas, entender el por qué debemos hacer o dejar de hacer lo que sea, participar en la decisión,...., y no sólo porque la orden venga de "arriba". En definitiva "volar hacia uno mismo". Esta es la base del coaching, acompañar al cliente a que encuentre su propio camino. Pero de esto ya hablaremos otro día.

Y también hablaremos de la zona de confort, ese lugar dónde nada crece y donde las alas se quedan sin aire. Y de la necesidad de acallar esas voces internas, nuestros miedos, que nos paralizan y bloquean. Y de muchas otras cosas.

Por ahora os dejo la fábula, que estoy seguro disfrutaréis y, quizás, os haga pensar. Está incluida en el libro "La pregunta del cuco" de Paco Abril.

"Estaba a punto de partir. El luminoso amanecer se llenó de un bullicio de trinos impacientes, quizá también de pájaros viajeros.

En la mirada serena de mis padres advertí una sombra de tristeza. Seguro que ellos la vieron también en la mía.

Pero brillaba en sus ojo el orgullo de saber que su hijo era ya capaz de valerse por sí mismo, como en los míos resaltaba la firme determinación del viaje.

Me coloqué en la misma rama desde la que había emprendido mi primer vuelo. Volví a mirar a mis padres. Ahora veía un claro sí en sus miradas.

- Hijo, vuela hacia ti mismo.

Estas fueron las palabras de despedida de mi madre. Palabras dulces para el viaje, aunque no acabé de entenderlas del todo.

Aprovechando un empuje de viento acariciador, me elevé por encima de mis padres. Hice un vuelo de adios a su alrededor. Contemple por última vez el paisaje conocido y volé hacia lo desconocido.

Ya estaba solo, volando solo, empezando una nueva vida solo.

Eso significa que yo tenía que buscar el alimento, cuidar de mí, estar vigilante ante el peligro.

Tampoco había quien respondiera a mis preguntas.

- Vuela hacia ti mismo.

Ya no podía pedirle a mi madre que me explicara esas palabras. Tenía que averiguarlo también solo.

Y me sorprendí hablando en pleno vuelo conmigo mismo, que es aquel con quien hablan los que están solos.

- Y ahora, ¿adónde te diriges?

- ¿Qué importa el lugar? Lo que importa es volar.

- Pero tendrás que ir a alguna parte.

- Todos los lugares son alguna parte.

- También alguna parte era el lugar donde estabas, ¿por qué no te quedaste en él?

- Porque si me quedaba allí les faltaría el aire a mis alas. Las alas sin aire se mueren. ¿Y qué es un pájaro sin alas?

Una voz maliciosa, que no era la mía, interrumpió la conversación conmigo mismo en pleno vuelo.

- Tú, ¿quién eres?

Hacía tiempo que no oía su voz. Era el Pájaro Veneno. Estaba dentro de mí. Yo había creído que jamás volvería a oírlo.

- No sé quién soy, pero voy a averiguarlo. Vuelo para saberlo, vuelo hacia mí mismo - repuse con firmeza.

En aquel momento comprendí lo que mi madre había querido decirme al despedirse.

Comprobé que mi firmeza acobardaba al Pájaro Veneno.

Entonces se ocultó donde ya no podía sentirlo. Ahora sabía cómo debía hablarle la próxima vez que viniera a importunarme.

Volé hasta que el sol se detuvo encima de las copas de los árboles. Ya estaba enm Tierradesconocida.

¿Quién me enseñaría ahora los nombres de lo nuevo?

Me posé en un árbol de hojas extrañas. Iba a conocer el mundo de lo extraño."