Desarrollo Positivo Logo

 
twitter-30facebook-30googleplus-30linkedin-30
info@desarrollopositivo.es
639 12 24 50
 
 
 

stop-bullying

Tras lo sucedido la semana pasada, el acoso escolar vuelve a estar en boca de todos. El suicido de un chaval de 11 años en Madrid, y la carta que dejó escrita a sus padres, ha conmocionado a la Sociedad de un país que empieza a tomar consciencia de las dimensiones de este problema. No en vano, el Gobierno en funciones aprobó el pasado jueves un Plan Estratégico de Convivencia Escolar, con la idea de prevenir el abuso y la violencia que se vive en las aulas.

Todas las medidas son pocas para acabar con esta lacra que afecta a todos los colegios e institutos españoles. Leyes y Planes generales son un gran avance, pues la concienciación de padres e hijos y profesores y alumnos es un buen punto de partida para frenar el auge del bullying. Pero no podemos quedarnos ahí. No podemos lavarnos las manos con una serie de Programas, y pretender que desaparezca el problema. Principalmente porque la verdadera causa está más allá de esos colectivos. Y es el origen de la enfermedad la que hay que tratar para acabar con ella.

El germen real del incremento del acoso escolar y la magnitud de sus consecuencias se encuentra en nuestra Sociedad actual. Una Sociedad que está criando niños pesimistas. Niños egocéntricos, sin empatía alguna. Niños incapaces de valorar nada de lo que poseen, sin valores. Niños acelerados, violentos. Niños sobreprotegidos, sin la habilidad necesaria para la resolución de problemas ni la toma de decisiones. Niños con ausencia total de inteligencia emocional, sin capacidad de gestionar sus propios pensamientos, ni las acciones que surgen tras ellos. Estamos criando una generación indefensa, inútil frente a las adversidades, sean del tipo que sean. Una generación donde el respeto, el perdón y la gratitud brillan por su ausencia. Y lo que es peor, estamos gestando una generación triste.kid-bullying

No podemos achacar la responsabilidad únicamente a padres, ni a colegios y profesores, ni al Gobierno de turno. La culpa es de todos y cada uno de los adultos que componemos la Sociedad, y en los que los pequeños se fijan para formar sus personalidades. El problema radica en una ciudadanía que se ha dejado llevar bajo el influjo del ego y que ha degenerado de tal manera, que lo que ven y aprenden los pequeños es que siempre hay un problema para cada solución.

En los últimos tiempos el odio, el rencor y la desesperanza han desbancado a la empatía, la generosidad y las ganas de vivir. Miremos donde miremos no hay una buena noticia, una acción motivadora, ni unos valores en los que reflejarse. Sólo enfrentamientos, insultos y recriminaciones, donde hundir al de enfrente es mucho más importante que el éxito propio. Y me da igual hablar de política, de futbol, de religión o de cualquier otro tema. En todos los ámbitos sólo se respira "guerra", egoísmo y tristeza, lo que conlleva a una visión tan lúgubre de nuestra existencia que, sin darnos cuenta, se ha apoderado de nuestros pensamientos y actos. Y nosotros, inconscientemente, se lo transmitimos a las nuevas generaciones.

Vivimos en una situación donde la felicidad no tienen lugar. Y ese es el mensaje oculto que enviamos y está calando profundamente en los niños. A nuestros pequeños, iconos de la alegría y el optimismo, les estamos transmitiendo un futuro tan negro que, sin la madurez necesaria, ni la capacidad de tomar buenas decisiones, huyen por la primera salida que se les presenta: unos hacerse "grandes" empequeñeciendo a los otros, y otros hacerse invisibles incapaces de gestionar las dificultades.

No podemos permitir esta situación por más tiempo. No podemos tolerar que siga habiendo víctimas en nuestros centros educativos. No podemos consentir que nuestros hijos crezcan en un ambiente tan oscuro y hostil. Apoyemos y promovamos toda Ley y Programa que vaya en beneficio del bienestar infantil. Pero a su vez, hagamos autocrítica y comencemos a aportar nuestro granito de arena para crear una verdadera Sociedad, encendiendo la luz de unos valores de convivencia y optimismo que sienten la base del futuro y la felicidad de nuestros hijos. Una Sociedad abierta donde se sientan seguros para desarrollar la creatividad y el talento que todo niño lleva dentro.

Juanje Pérez Romero
Director Desarrollo Positivo